Hoy he sentido el delicado equilibrio entre la vida y la muerte mientras miraba fijamente el pequeño cuerpo tendido y ovillado de E. en busca de un leve parpadeo, de una mínima ascención del abdomen que indicara que el aire seguía entrando y saliendo como un tenue resto de vida. Sabía que en cualquier momento todo eso podía cesar y la silenciosa paz que parecía embargar el ambiente, a pesar de la tensa preocupación de los que allí estábamos, podía quebrarse y dar paso al pandemonium con el que le gusta presentarse a la dama de la guadaña.
Me he acordado de aquello que un día oí en la radio ("Tan segura está la muerte de su victoria que nos concede una vida de ventaja") y después de un rato he sentido que, de momento, la carrera continúa, aunque la ventaja sea cada vez más corta.