jueves, 14 de agosto de 2014

Dedicatoria

«Para Antonio y Pachi,
malaprendiendo siempre a añorarlos.»

León Molina, Señales en los puentes






No llorará tu padre en la bocana

Ahora que eres pequeño y sonríes
fundo por contra mi esperanza
en que la vida te sea leve

Te deseo inteligencia, belleza y vigor
Quisiera verte un día disfrutando
de buenos manjares, delicadas amantes
amigos ciertos, momentos de belleza

Te deseo una vida anchurosa
y libre como el océano
y que tu padre no sea un escollo importante
en el curso de tus navegaciones
     Veo ya difícil mi viejo proyecto de mudarme
     a un lugar cercano al mar
Busca pues tu puerto y zarpa dél
que en sus aguas sucias no hay ventura
Lánzate al anchuroso espacio y gústalo
que no hay cielo que condene
el uso de su grandura

Apuesta por el rumbo arriesga la singladura
y busca la paz en la tormenta si es preciso
Y al cabo
cuando en dulces ensenadas
la calma nave recales
con cartas a tu padre manda a los emisarios
hasta la olvidada provincia del interior
donde un hombre tranquilo fuma y observa
la bóveda refulgente
las mismas estrellas
que a tí te guían

jueves, 17 de julio de 2014

Depresión = Narcisismo

"La depresión es una enfermedad narcisista" 

(Byung-Chul Han, filósofo de origen coreano, afincado en Alemania, considerado el sucesor de Sloterdijk, autor de La sociedad del cansancio y La sociedad de la transpariencia)

lunes, 14 de julio de 2014

Doble o...

Día de variaciones sobre el tema del doble:

Veo "Viva la Libertad" con el grandísimo Tony Servillo (La Grande Bellezza) encarnando al líder de la oposición en horas bajas (tanto él como la propia oposición: ¿te suena?. Justo el día que el PSOE
elige candidato para la tan cacareada renovación tras el batacazo de las europeas y el "sorpresivo" (para quién?) ascenso de Podemos (esos "telepredicadores populistas bolivarianos" según la logorrea del portavoz del PP) y a su hermano gemelo, un filósofo internado en un psiquiátrico al que utilizan para sustituir a aquél cuando desaparece de la noche a la mañana. En realidad la peli, ente muchas otras cosas, va de la necesidad /posibilidad de salirse de la propia vida, del carril en el que nos vamos/van metiendo, de vivir "otras vidas", de ser otro.


Curioso comparar los carteles de la peli: en el italiano predomina el rojo y los dos hermanos se dan la espalda; en el español predomina el azul (??) y los hermanos se dan la espalda...


Mientras, en otro cine dan "Mi otro yo", la última de Isabel Coixet, que será totalmente distinta en casi todo menos en lo de tratar de ese otro que todos tenemos, unos, los más, por dentro, otros por fuera.

Me subo al coche y suena "La deriva" de Vetusta Morla, de momento "la canción del año", que empieza con aquello de: "He tenido tiempo de desdoblarme / y ver mi rostro en otras vidas..."

https://m.youtube.com/watch?v=1zKo_VlgMZ8

Y justo después, en imposible secuencia patafísica aparece Conor Oberst cantando "Double life":

there's a better life on the other side
it's your double life on the other side
it's your second life on the other side

there's an honest life on the other side
it's your double life on the other side 


https://m.youtube.com/watch?v=6nMWD3qkHMM



viernes, 11 de julio de 2014

Autorretratos...

A propósito de una entrevista a Alberto García Alix sobre su exposición de autorretratos:

" ¿Por qué en los autorretratos siempre estamos solos."


Leyendo a Simic en medio de la Selectividad

Fear
Charles Simic

Fear passes from man to man
Unknowing,
As one leaf passes its shudder
To another.
 
All at once the whole tree is trembling,
And there is no sign of the wind.

La vida como saqueo...

La vida como saqueo

Rafael Algullol


Únicamente conozco a un broker que actúe en Wall Street. Se trata de un antiguo compañero de colegio que ya en la infancia apuntaba maneras. Era abierto, decidido y, a la que te descuidabas, te devolvía un lápiz tras haberle prestado una pluma estilográfica. El otro día me lo encontré por la calle y estuvimos charlando un rato. Estaba contento porque los negocios le iban bien. Le pregunté si se reproducían las condiciones —propicias para él, por cierto— que dieron lugar al colapso financiero de hace algunos años. Me contestó que no solo se reproducían sino que dentro de no mucho el colapso sería mayor. Los especuladores, empezando por él mismo, campaban a su aire, sin freno, y sus ganancias eran fabulosas. A su alrededor las burbujas fomentadas por la especulación crecían sin cesar, aunque, como es lógico, nadie pensaba acabar atrapado por ellas.

Mi antiguo compañero de colegio era feliz: todo volvía a producirse, corregido y aumentado, ante un mundo ciego y sordo, o, lo que era todavía más eficaz, cómplice. En definitiva, de creer sus palabras, la codicia seguía creando fuertes lazos de complicidad entre el engañador y el engañado, parecidos a los de los colegiales que intercambiaban lápices y plumas estilográficas. Claro que él no hablaba de codicia sino de interés y de provecho.
Y creo que no le falta razón. No tengo conocimientos suficientes para saber, o profetizar, si se avecina un nuevo colapso, pero sí tengo la sospecha de que no se ha generado un aprendizaje profundo en relación con lo sucedido estos últimos años. No se ha eliminado el huevo de la serpiente, ya que dicha eliminación concernía, además de a la economía y a la política, al espíritu, o, si se teme esa palabra, a la mentalidad. No ha habido catarsis, no se ha hecho limpieza, y las nuevas turbulencias pueden presentarse sin que se hayan construido diques de contención que las detengan.
A este respecto es muy interesante —incluso literariamente— escuchar el relato sobre el fin de la crisis que muchos políticos y financieros están contando. Es en cierto modo simétrico al del inicio de la crisis, e inevitablemente recuerda las narraciones tejidas en torno al absurdo. La crisis estalló inexplicablemente, y bastaría recurrir a las hemerotecas para comprobar la maravillada candidez de los dirigentespolíticos y económicos: nadie podía prever nada porque —como los grandes fenómenos diabólicos y divinos, o como el absurdo— todo era imprevisible. Inopinadamente la peste se apoderó de la ciudad. Ahora se declara que la peste ya ha sido vencida, si bien es cierto que dejando tras de sí un reguero de cadáveres. Es magnífico ver a los banqueros proclamar el triunfo sobre la peste, ajenos ellos por completo a la instalación de la epidemia. También es aleccionador comprobar el triunfalismo de Rajoy o Montoro, aunque en sus caras se insinúe todavía un rictus de espanto, como si no estuviesen muy seguros de los augurios, o simplemente tuvieran dificultades a la hora de desempeñar su nuevo papel en la representación teatral.
Sin embargo, con mayor o menor eficacia, la representación funciona. Los espectadores —es decir, los ciudadanos— empiezan a aceptar que la peste se está desvaneciendo, y tienen tantas ganas de que esto suceda que están olvidando ya las causas del contagio que afectó a la comunidad. Si hacemos caso de la lógica expuesta por mi antiguo compañero de colegio, el entero ciclo va a repetirse de nuevo porque otra vez van a funcionar férreamente los lazos de la codicia: los especuladores, como corresponde a su papel en la función, buscarán la complicidad de los ciudadanos para la obtención de unos beneficios que, aunque a la larga sean catastróficos, a corto plazo brillan con luz propia.
La repetición del ciclo, de producirse, implicaría una ausencia total de aprendizaje con respecto a lo que hemos denominado crisis. Si tuviésemos la voluntad de aprender deberíamos ir, creo, más allá de las explicaciones económicas y políticas para preguntarnos sobre una determinada interpretación de la existencia. Dicho directamente: mientras la vida sea entendida como un objeto de rapiña, de saqueo, cualquier otra consideración se antoja secundaria. Y esta parece ser la ideología dominante en estos primeros lustros del siglo XXI en los que el utilitarismo y el pragmatismo se ven acompañados por una exaltación permanente de la posesión inmediata de las cosas (y de las personas). La existencia está ahí para ser tomada, para ser consumida, y no para llegar a un compromiso con ella. Más importante que el contrato social del que hablaron los ilustrados es el contrato existencial, del que carecemos y que supondría entender la vida como un sutil juego de equilibrios entre deseo y respeto, entre posesión y contención.
Cuando en la tragedia griega los poetas luchaban contra la desmesura y el desequilibrio, poniéndolos precisamente en escena, era porque partían de la honda convicción de que el hombre no puede ser libre si está atenazado por la hybris. Como supo ver muy bien Esquilo, no puede haber libertad si las fuerzas dominantes son la desmesura y el desequilibrio. Por importante que sea la urna para la democracia todavía más importante es la capacidad de mediación y de regulación: entre los individuos, entre los poderes, entre el hombre y su entorno. No obstante, el capitalismo que, globalizado, se asienta en el mundo tras la caída del muro de Berlín, hace ahora 25 años, es una auténtica civilización de la hybris y, en consecuencia, si aún son válidas las enseñanzas de Esquilo —y pienso que lo son—, un sistemático antídoto contra la democracia. La perpetua invitación a la codicia y al fast food vital significan un continuo sabotaje al ejercicio de la libertad.
Por eso es alarmante —no para él, claro— el pronóstico de mi compañero de infancia, el actual broker de Wall Street, cuando supone que las circunstancias van a repetirse porque los hombres están predispuestos a que se repitan. Indicaría que estamos atrapados en esa civilización de la hybris que no contempla otro camino que el del saqueo vital y la posesión inmediata de las cosas. Prisioneros de ese sortilegio, lo normal es que marcháramos de crisis en crisis, de nuevo riquismo en nuevo riquismo, con asombrosas irrupciones de la peste en la ciudad y no menos asombrosas desapariciones de esa misma peste. Eso sí, con visionarios, con augures, con magos, vestidos de ministros o de banqueros, abriendo o cerrando las puertas del porvenir. Y sin posibilidad de aprender.
Lo contrario sería aprender. Pero eso entrañaría un nuevo concepto de educación que desborda, con mucho, el marco de las escuelas y las universidades para afectar, directamente, a la mente del hombre. Al comprobar los estragos violentos de la Revolución Francesa, un revolucionario como Friedrich Schiller escribió un breve y valiosísimo libro, Cartas sobre la educación estética de la humanidad. En él se afirmaba que ningún cambio era posible, por espectacular que fuera en su efecto exterior, si no conlleva una modificación de la sensibilidad. Fue, en cierto modo, una profecía con respecto a las revoluciones que estaban por venir, especialmente las que tuvieron lugar en el siglo XX.
Aprender sería aprender a desarticular la civilización de la hybris. Educar al hombre en un nuevo contrato existencial, con sus derechos y sus deberes, en que la vida, lejos de ser un objeto de saqueo, fuese un sujeto de armonía. Claro que eso implicaría hacer una verdadera revolución espiritual, algo más delicado que cualquier revolución de otro tipo. La próxima vez que me encuentre con mi antiguo compañero de colegio voy a preguntarle qué opina al respecto. Quizá ría porque no lo entienda; quizá se asuste porque lo entienda demasiado.

miércoles, 18 de junio de 2014

Pensar, estorbar...

Paseo en vísperas de Corpus por las enrevesadas calles del centro, donde las paredes hablan:


domingo, 18 de mayo de 2014

La soledad era esto, y aquello, etc.

Parece que se adelantó el día de Nuestra Señora de la Soledad, que según el muy venerable santoral católico no se celebra hasta el 11 de octubre, tomándole la delantera a la del Pilar por un solo día.

Para empezar, un comienzo de libro como hacía tiempo que no leía, el de Natalio Grueso, titulado, ¿lo intuyes?, La Soledad, what else?
Nadie sabe tanto de la soledad como yo. Nadie. Ni quien nunca supo lo que eran unos pies fríos a su lado en la cama en las largas noches de invierno, ni quien jamás conoció unos dedos cariñosos que le enjabonaran el pelo, ni el niño obeso con quien nadie quiere jugar en el recreo, ni la adolescente con gafas y acné que se ha leído ya todos los libros de la biblioteca del pueblo en el que veranea porque no tiene amigas. Nadie. Ni el abuelo al que limpian las babas en el asilo esperando que por Navidad alguno de sus tres hijos venga a visitarle. Nadie. Ni el náufrago desahuciado sobre una tabla en medio de un océano desconocido, ni el reo incomunicado en el corredor de la muerte esperando la descarga definitiva. Nadie.
Y a esta "soledad en compañía" en que se nos ha convertido la vida en común viene a ponerle música al final del día el atormentado, aterciopelado Chet Baker.


Y todo esto pocos días después de que una tarde, mientras rendía mi privado homenaje al recién fallecido G. García Márquez con la relectura de Cien Años de Soledad, pasara M. y me espetara: «Te quedan cuarenta y ocho». Tardé unos segundos en entender. Ella lo había dicho en broma pero yo no puede más que pensar que quizá sólo se estaba equivocando en la cifra.

lunes, 14 de abril de 2014

Dedicatoria

«A mi desoladora madre,
con esa extraña mezcla de compasión y naúsea 
que puede sólo experimentar quien conoce la causa, 
banal y sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre»

Leopoldo María Panero, dedicatoria del poema «Ma mère»

Era 1979. Ocho años más tarde, LMP subtituló como "Reivindicación de una hermosura" otro poema, «A mi madre», que termina así: 

«... y dicen que llueve por nosotros 
y que la nieve es nuestra 
y ahora que el poema expira 
te digo como un niño, ven 
he construido una diadema 
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve.»

 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Dedicatoria

«A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.»

Marina Tsvietáieva, «A ti dentro de un siglo»

[No es estrictamente una dedicatoria, pero ¿a quién le importa?]




A ti, dentro de un siglo

A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro -el infierno-
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos -un puñado de polvo-
mis versos. Adivino que en el viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; yo capto las palabras:
"¡Impostoras! ¡Ya todas están muertas!
Sólo ella está viva.

Igual que un voluntario le ha servido.
Conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!"

¡Mis anillos! Me pesa,
hoy me arrepiento
de haberlos regalado sin medida.
¡Y no supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde
tras el sol haya ido tanto tiempo
y he ido a tu encuentro,
dentro de un siglo.

Apuesto -dice él- que vas a maldecir
a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.
¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa
nadie le ofreció.

¿Quién era el generoso? Yo no: soy egoísta.
No oculto mi interés si no me matas.
A todos les pedía cartas,
para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.
Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.
Les negarás la gracia a todas las amantes
para amar a la que hoy es sólo huesos.


Versión de Carlos Álvarez

miércoles, 5 de marzo de 2014

John Grant en Mapa Sonoro

Entrevista a John Grant en Mapa Sonoro. Habla de su sentimiento de culpa, en su caso derivado de su condicion de gay, de como se pasó gran parte de su vida escondiéndose, escapando, de como lo utilizaba todo para escapar (el sexo, las drogas, el alcohol, incluso la gente).

Y al final cita una oracion que rezan en Alcohólicos Anónimos y que me deja en el sitio:

God:
Grant me the serenity to accept the things I cannot change,
The courage to change the things I can,
And wisdom to know the difference.


La entrevista a John Grant empieza en 14':50''