domingo, 14 de febrero de 2021

Banalidad de banalidades, todo es banalidad

 BANALIDAD

«En casa pertenecíamos a una civilización teológica antigua. Mi padre nos obligaba a leer el Eclesiastés. Era un hombre que leía mucho a Guenon y a Évola y creía en la jerarquía (la hiera-archía) pero la época ha traído una suerte de homo-archía, un gobierno de los peores, nosotros, nuestros semejantes que dan voces en los foros y escriben artículos de opinión para El País. Le enfu­recía la trivialidad, el idle talk. Decía que el mayor pecado de la modernidad no era el mal, sino la banalidad. La banalidad del mal, la banalidad del bien (galas benéficas, conciertos solidarios, carreras populares contra la fibrosis pulmonar, muchachas un poco aventureras que hablan en la radio del “sufrimiento que hemos visto en Lesbos”), la banalización de la existencia. Me acuerdo de él. Leo una polémica sobre los abdominales de Cár­denas. ¿Debo tomar partido? Leo que unos catalanes denun­cian en Estrasburgo la conculcación de sus derechos nacionales. Pongo la televisión y Terelu se “pronuncia” (sic) sobre un vestido dramático de boda (¿por qué existe Terelu y no existe, más bien, la nada?). Banalidad de las instituciones, banalidad de los símbolos, banalidad de los juramentos, banalidad de mi padre, vanidad de vanidades y todo vanidad. No digo que la gente vaya leyendo a Parménides en los autobuses, pero se echa de menos un poco de gravitas latina.»

 Sergio Mayor

Ciudad Mori

Apuntes etimológicos:

jerarquía: del griego hieros, "sagrado, divino" y arkhei, "orden, gobierno", o sea "Orden Sagrado".

"homoarquía" sería por tanto el orden o gobierno de nuestros semejantes (del griego homós, "igual, semejante")

hieros (sagrado, divino) también esta presente en jeroglífico o hierático. Se asocia con una raíz indoeuropea *eis- (mover rápidamente, pasión) que también dio ira a través del latín.


sábado, 13 de febrero de 2021

Un año después... volvieron los conciertos...

 ... o Los conciertos en tiempos de pandemia. Qué extraña y mezclada emoción. Qué necesidad de volver a esa normalidad tan denostada por algunos cenizos, aunque sea en modo simulacro, enmascarados y artificialmente distanciados. Aunque no sea esta la versión de Zahara que más me gusta, ni mucho menos, reencarnada en diva electrónica gracias a la influencia tutelar de ese mago de los ruiditos que responde al aristocrático nombre de Martí Perarnau IV. Aunque las 4 de la tarde no sean horas para este tipo de desvaríos. Aunque volver a casa a las 6 de la tarde, aún con luz sea incluso más incongruente. Qué más da. Lo importante es que un año después volvieron los conciertos, una mínima vuelta a la vida.