BANALIDAD
«En casa
pertenecíamos a una civilización teológica antigua. Mi padre nos obligaba a
leer el Eclesiastés. Era un hombre que leía mucho a Guenon
y a Évola y creía en la j
erarquía (la hiera-archía) pero la época ha
traído una suerte de homo-archía, un gobierno de los peores, nosotros, nuestros semejantes
que dan voces en los foros y escriben artículos de opinión para El País. Le
enfurecía la trivialidad, el idle talk. Decía que el mayor pecado de la modernidad no era el mal,
sino la banalidad. La banalidad del mal, la banalidad del bien (galas
benéficas, conciertos solidarios, carreras populares contra la fibrosis
pulmonar, muchachas un poco aventureras que
hablan en la radio del “sufrimiento que hemos visto en Lesbos”),
la banalización de la existencia. Me acuerdo
de él. Leo una polémica sobre los abdominales de Cárdenas. ¿
Debo tomar partido? Leo que unos catalanes denuncian en
Estrasburgo la conculcación de sus derechos nacionales. Pongo la televisión y
Terelu se “pronuncia” (sic) sobre un vestido dramático de boda (¿por qué
existe Terelu y no existe, má
s bien, la nada?).
Banalidad de las instituciones, banalidad de los símbolos, banalidad de los
juramentos, banalidad de mi padre, vanidad de vanidades y todo vanidad. No digo
que la gente vaya leyendo a Parménides en los autobuses, pero se echa de menos
un poco de gravitas latina.»
Sergio
Mayor
Ciudad Mori
Apuntes etimológicos:
jerarquía: del griego
hieros, "sagrado,
divino" y arkhei, "orden,
gobierno", o sea "Orden Sagrado".
"homoarquía" sería por tanto el orden o gobierno de nuestros semejantes (del griego homós, "igual, semejante")
hieros (sagrado, divino) también
esta presente en jeroglífico o hierático. Se asocia con una raíz indoeuropea *eis-
(mover rápidamente, pasión) que también dio ira a través del latín.