lunes, 25 de abril de 2016

Muro con inscripciones

«Mi posición es ésta:
algarrobo, limonero, almendro.
Mi posición es ésta.»

       Ð Ð Ð

«Las ciudades son rostros de mujer.
Si una ciudad existe, es un rostro de mujer»

domingo, 24 de abril de 2016

Niño de Elche

La Feria del Libro floreció en el Centro García Lorca regada con el genio absolutamente único de este pedazo de animal poético.

jueves, 14 de abril de 2016

La calma en el mundo antes de Bach

LA CALMA EN EL MUNDO ANTES DE BACH
Lars Gustafsson
Tuvo que existir un mundo anterior
a la Sonata a trío en re menor, un mundo anterior a la Partita en la menor,
pero ¿qué clase de mundo?
Una Europa de vastos espacios vacíos, sin sonido,
por todas partes instrumentos dormidos
por cuyas teclas la Ofrenda Musical, El clave bien temperado
nunca pasaron.
Iglesias aisladas
donde el verso de la soprano en la Pasión
nunca se entrelazó en desamparado amor
con los suaves movimientos de la flauta,
paisajes anchos y suaves
donde nada rompe la calma
salvo las hachas de los viejos leñadores,
los sanos ladridos de fuertes perros en invierno
y, como una campana, los patines que muerden el hielo fresco;
las golondrinas que chillan en el aire estival,
la caracola que resuena en los oídos de un niño
y en ninguna parte Bach, en ninguna parte Bach,

miércoles, 13 de abril de 2016

Instrucción 5

Leila Guerriero
El País, 13/4/16

Cuando le recuerde que tienen una cena el viernes en casa de sus amigos, note que él preferiría no ir. Diga: “Voy sola”. Escuche que él dice “No, te acompaño”. Sienta alarma. No sepa por qué. El día de la cena, mientras van en el auto, vea que él frunce la boca como hace cuando quiere demostrar reticencia. Pregúntele: “¿Tenés hambre?”. Escuche cómo él dice: “No mucha”. Una vez en el sitio toque el timbre, espere. Diga “Hola” cuando le abran. Ya dentro, acepte la copa de vino que le ofrecen los anfitriones. Converse mientras él, de pie, bebe sin hablar con nadie. Cuando los dueños de casa inviten a la mesa, note que él se hunde en un mutismo del que sólo saldrá para decir “Está seca, ¿no?”, refiriéndose a la carne que acaban de servir, en voz demasiado alta. Diga “No me parece”. Empiece a sentir que el silencio de él está cargado de una ofuscación agria. Hable con los demás —de su trabajo, de política— y sienta que él la escucha y piensa que usted es una hipócrita. Vea cómo él, de pronto, toma dos tenedores, los clava en un trozo de pan, intenta colocar el artefacto en el borde de una jarra. Vea cómo el artefacto se desbarranca y salpica el contenido de la jarra en el mantel mientras los dueños de casa dicen “¡No es nada!”. Vea cómo él no pide disculpas. Al final de la cena, despídase, agradezca. Suba al auto. Sienta la ira como un hoyo de fuego. Diga “¿Te pasaba algo?”. Escuche cómo él dice, en tono inocente. “No, ¿por?”. Diga: “No hablaste en toda la noche”. Escuche que él dice: “Estaba cansado”. Diga: “Cuando te vi con el pan y los tenedores pensé ‘¿Quién es este hombre?”. Sienta que el espacio que los separa se ha transformado en un bloque de granito. Vea que él pone en marcha el auto como si estuviera ahorcando a un animal. Escuche que dice: “Yo también me pregunto quién sos”. Sepa que acaba de hacer algo irreversible. Quédese inmóvil. Espere que la catástrofe termine de suceder.