Como "el fin del verano siempre es triste", que decían los Danza Invisible, la ciudad se inventó un Festival para despedirlo y afortunadamente el Granada Sound huele todavía más a verano (sea la piel tostada de la juventud incandescente, la sal, los colores, el calor, claro) que a un otoño en el que casi resulta imposible pensar. Me sigue arrebatando la energía que son capaces de generar cuatro o cinco músico amarrados a los mástiles o las baquetas de sus instrumento y que consiguen que miles de personas boten al únisono "como si no hubiera mañana".Creí que nunca les perdonaría a los Supersubmanina que me hicieran ponerme de cuclillas juntos a otros 15.000 corderos que nos prestamos a lo que no era sino una descarada exhibición de poder sobre una masa entregada que manejaban como auténticas marionetas. Pero después de ver el vídeo retrospectivo que ha hecho la organización con su canción "LN Granada" de fondo, estoy casi por perdonarles la arrogancia por haber semejante pedazo de declaración de amor, a la ciudad (que no es la suya) y a "ella", siempre "ella": "...yo prefiero que me mates tú a bailar"...