domingo, 27 de marzo de 2016

Ateos

Cuenta Manuel Rivas en su columna de todos los domingos en el suplemento de El País la anécdota de cuando tras confesarse ateo a unos amigos (se supone que irlandeses) en Belfast, éstos le preguntaron: “Sí, pero ¿eres ateo católico o ateo protestante?”.

Creo que fue a Unamuno al que atribuyeron aquello de que “En España hasta los ateos son católicos”, a lo que cabría añadir julioiglesiasmente: “¡y lo saben!”.

sábado, 26 de marzo de 2016

Una vida de ventaja

Hoy he sentido el delicado equilibrio entre la vida y la muerte mientras miraba fijamente el pequeño cuerpo tendido y ovillado de E. en busca de un leve parpadeo, de una mínima ascención del abdomen que indicara que el aire seguía entrando y saliendo como un tenue resto de vida. Sabía que en cualquier momento todo eso podía cesar y la silenciosa paz que parecía embargar el ambiente, a pesar de la tensa preocupación de los que allí estábamos, podía quebrarse y dar paso al pandemonium con el que le gusta presentarse a la dama de la guadaña.

Me he acordado de aquello que un día oí en la radio ("Tan segura está la muerte de su victoria que nos concede una vida de ventaja") y después de un rato he sentido que, de momento, la carrera continúa, aunque la ventaja sea cada vez  más corta.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Uno de esos días Turnedo

A veces, simplemente, hay que irse
dejando atrás y hollando los senderos,
del hogar devastados los cimientos, 
de la hoguera rescoldos ya las brasas,
y cadena el afán, y lastre la certeza
de haber amado lo que no se tuvo, 
de haber tenido lo que no se amó.
...

Juan Carlos Friebe
Antagonía




Y de fondo:

domingo, 20 de marzo de 2016

Colores en vuelo







Y, de repente, el cielo se llenó de palomas multicolores...

Que seguían al macho gris!

Porque todo, porque nada, por cosas.

CANCIÓN PARA UNA CHICA QUE LLORABA SOLA EN TARAMAY 
EL 25 DE JULIO DE 1979

Miguel D'Ors

Lágrima que yo he visto brotar de tu silencio
y de tus quince años
y cayó en una tarde con un algo de hoja
desprendida de un mayo...
Yo no sé de qué pena, de qué esperanza rota,
de que nombre venía,
ni siquiera si era tu primera lágrima de mujer
o la última de niña.
Yo pasé junto a ti como pasaba el viento
y el rumor de las olas.
Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado
de esa lágrima sola.
Ni tú sabrás tampoco que una tristeza tuya
cruzó una vez mi vida.
La noche será corta. Mañana volverás
a ser una sonrisa.
Pero quiero decir que esa lágrima tuya,
cayendo inconsolable
de tus años --tan dulces, tan amargos, tan quince--,
desbarató la tarde;
que la playa y el verde de las enredaderas
y julio y sus gaviotas
se ensombrecieron cuando, a solas con el mar,
lloraste porque todo, porque nada, por cosas.

domingo, 13 de marzo de 2016

El número dos

«Con el número dos nace la pena»

Leopoldo Marechal

No te amo, mi amor

No te amor, mi amor
Manuel Rivas
El País, 13 Marzo 2016

 Nunca antes había pensado en el matrimonio. Ni por la Iglesia ni por lo civil. Era algo, simplemente, que no contemplaba en su horizonte de vida, ni siquiera a largo plazo. Como historiador del cine, la única boda en la que se había detenido era una de ficción, en la película El cazador, esa gente se casa antes de ir a la guerra. Ahora medita cada boda. Es el oficiante. El concejal de Cultura, Fiestas y Deportes. Es él quien cita, con un laico tono bíblico, a Cesare Pavese en El oficio de vivir: “La única alegría del mundo es comenzar”.

 Y esa frase, justo esa frase, que viene de la boca de la literatura, hace que todo se ponga a la escucha en el salón municipal, en ese mismo lugar donde los ediles debaten, votan, dirimen el poder, y a veces se enzarzan duramente como si por un bache o por una cabalgata de Reyes si librara la batalla de la historia. Pero ahora una frase, un pensamiento fulgurante, la anotación de un hombre que escribía sobre su propia piel, con fecha de 23 de noviembre de 1937, ha venido aquí para reactivar el presente. Hasta ese momento, el acto había sido amable, simpático. La pareja contrayente entró con música de vals, escoltada por dos maceros. El concejal oficiante dio la bienvenida, leyó los tres ar­tículos del Código Civil. Y luego comenzó su intervención con la lectura de Cesare Pavese: “La única alegría del mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta este sentimiento –prisión, enfermedad, costumbre, estupidez–, querríamos morirnos”.

Estábamos conmovidos. Aquello era una boda, sí señor. Una verdadera bendición para una unión libre. El hombre que nunca había pensado en el matrimonio, lo redescubre como un acto de coraje. Casarse, hoy, aquí, no es un acto de sometimiento a la convención social. Al contrario, un acto de unión entre iguales, movidos por el deseo y la voluntad de convivir y compartir, es una transgresión. En un mundo donde cada movimiento es medido por la unidad métrica del ego, donde todo conspira para que la regla sea competir y no compartir, la noticia de que dos personas se casan debería ser recibida como un suceso revolucionario. Hay que acudir a una boda como un milagro de la naturaleza, como cuando celebran nupcias las ballenas en un santuario.

 El oficiante se llama José Manuel Sande, concejal coruñés de 43 años. El día de su toma de posesión se quedó perplejo cuando le anunciaron que tenía que casar a cuatro parejas que lo habían elegido como celebrante. Decidió tomárselo como una seria responsabilidad cultural. Ahora prepara de víspera sus intervenciones. Cada vez es más consciente de que no se trata de un trámite que le tocó despachar. Se preocupa por el sentido de sus palabras. No por grandilocuencia, sino porque piensa que cada una de ellas puede ser una bola de billar en la imprevisible trayectoria de la vida. Ahí se encontró con Cesare Pavese, y otros inusuales, escapando de los textos más tópicos, por repetidos, que suministran los buscadores de Internet a los nuevos oficiantes laicos, como el tan repetido poema Cuando se encuentran dos almas, de Victor Hugo. A las bodas civiles habría que incorporar El cantar de los cantares, ya que la Iglesia deja fuera del repertorio esa maravilla.

 Cuando me casé, también por lo civil, no nos citaron ni a Pavese ni a nadie. Duró cinco minutos. El tiempo de leernos los artículos del Código y despacharnos como a dos furtivos. Fue hace años en el Palacio de Justicia, pero, como pioneros en lo civil, nos casaron en el cuarto de la conserjería. Nos aseguraron que era un juez el celebrante, pero hoy estoy convencido de que era el propio conserje, tal vez porque coincidió con el Día de los Santos Inocentes. El único detalle iconográfico era un calendario de Explosivos Rio Tinto. Temí que, vengativo, el oficiante leyese para fastidiarnos La lenta máquina del desamor, de Julio Cortázar, tan hermoso y jodido: “Ya no te amo, mi amor”. Esa noche salimos para Ginebra, aprovechando el retorno de un vuelo chárter de emigrantes. Decidimos ir a Viena en tren. Estaba cubierta de nieve. En un parque, venciendo el miedo, caminamos sobre un lago helado. De una taberna, una cabaña de madera, salieron una pandilla de energúmenos, supongo que ebrios. Se reían, nos gritaban. De repente, algo contundente golpeó cerca de nuestros pies. Nos estaban arrojando piedras. Piedras que al chocar decían: Ausländer raus! Fuera extranjeros, o algo así. Nos quedamos quietos. Abrazados. Creo que ahí sí. Ahí fue donde de verdad nos sentimos casados. Ese momento en que sientes que el amor, sobre una frágil capa de hielo, va a poder con todo.


Ð Ð Ð Ð Ð

Y el poema de Cortázar, "tan hermoso y jodido":

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.

sábado, 12 de marzo de 2016

Dedicatoria

«Para Eva, 
la vida que aquí no aparece.»

Felix de Azúa, Autobiografía sin vida

viernes, 4 de marzo de 2016

Friday I'm in Love

Al cabo de muchos años (¿desde la Facultad, desde el Instituto?) vuelvo a darle la razón a los The Cure y puedo suscribir aquello de «It's Friday I'm love». De otra manera, claro. Sin la excitación de no saber dónde o cómo acabaría la noche. O con quién. Aunque casi siempre la noche acabara en derrota, en soledad más o menos etílica. Aunque sólo hubiera algunas noches de viernes verdaderamente memorables de las que ahora apenas pervive la sensación de camaradería adolescente al son de viejas canciones. Y la siempre incumplida promesa del encontrar el amor (o, más bien, el sexo) de nuestra vida al fondo de algunos de aquellos pubs de nuestra adolescencia donde todavía podía hacerse de casi todo.


Ahora es otra cosa, claro. Y más vale aprovechar lo que hay porque a estas alturas ya hemos aprendido que todo se acaba echando de menos.

Así que, paseo al caer la tarde por esta ciudad del sur de la que sigue gustando decir que siempre es posible seguir sintiéndose turista. Visita a la exposición que han montado en el Salón con fotografías a gran formato del Génesis según Salgado y más paseo hasta el teatro Alhambra en el Realejo para asistir a un Hamlet de , en una producción que mantiene el equilibrio adecuado entre el respeto al texto clásico y una puesta en escena que actualiza la obra sin traicionarla y sugiere con sutileza la vigencia de los temas cuatrocientos años después.





Como ha dicho el bueno (y brillante) de Carmona hoy en la radio: 
«Los viernes son los nuevos viernes». Amén.