Cuenta Manuel Vicent en una de sus crónicas entre canallas y sentimentales que en el célebre Stork Club de Nueva York, donde en los años cuarenta del s. XX "desplegaban sus alas los cisnes más blancos de la ciudad", alguien le preguntó a Gore Vidal por qué no había saludado al pequeño Truman Capote, a lo que Vidal contestó: "Es que le he confundido con un puff".
Parece que no sólo cisnes se reunían en la charca del Stork Club, también
las víboras daban rienda suelta a sus bífidas, y a veces trífidas, lengüecillas.




