viernes, 8 de enero de 2016

Memoria y olvido

Animales paradójicos que somos, nos movemos entre la reivindicación de la memoria (histórica, personal...: terror ante la amenaza de perderla por culpa del Dr. Alzheimer...) y la reivindicación del derecho al olvido (mayormente en internet: que se olviden de nosotros los Dr. Google, Dr. Facebook, Dr. Twitter, etc.).

"La memoria nos vuelve rencorosos" nos dijo alguien ayer mismo en los pasillos de un supermercado. "Tenemos miedo al olvido y sería bueno poder olvidar ciertas cosas", decía otro en la radio.

Parece que incluso hay una cirugía capaz de extirpar los malos recuerdos. ¿Y si se les va la mano y se llevan también los buenos por delante? Y a los replicantes de Blade Runner les implantan "recuerdos" inventados o ajenos para hacerlos pasar por humanos incluso ante ellos mismos. O sea, que los recuerdos nos constituyen como humanos, incluso aunque lo que recordemos sea falso (¿no lo es siempre?) o ajeno (idem).

Animales paradójicos que somos estamos hechos de una inestable aleación de olvidos y recuerdos.

Coda patafísica: Y por la noche en el Teatro Alhambra "Seguramente vendrán mañana" a cargo de La Bohemia, o lo que es lo mismo: Esperando a Godot adaptado y puesto al servicio de la reivindicación de la memoria histórica:


Pepe y Cipri reproducen obsesivamente una misma situación, un momento concreto de sus vidas o…de su muerte. El tedio y la carencia de significado de su existencia o inexistencia les lleva a la desesperación, la abulia, al encuentro y desencuentro con personas o seres que han debido de estar o están en algún momento de sus vidas, o tal vez… en sus mentes aún errantes. Quieren descansar en paz y salir de ese anonimato maltratador que los desconcierta y los humilla; ellos esperan…y esperan…y esperan… y siguen esperando el momento de recuperar su dignidad y su historia. Lo llevan haciendo durante cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día de los 78 años que llevan mal enterrados, pero no olvidados.