Últimas tardes de octubre en las plazas antes de qué llegue la lluvia y haya que refugiarse en el interior de los cafés.


Aprovecho para leer
El Malogrado (Thomas Bernhard
), que no es Glenn Gould, como creía, sino su malogrado compañero de estudios en Salzburgo, el suicida Wertheimer, incapaz de asumir que mientras exista Gould no podrá ser el más virtuoso pianista.