Querida Lucrecia,
Como siempre que necesito algo de distancia y un poco de bálsamo espiritual, en estos días vuelvo a las Meditaciones de Marco Aurelio, el emperarador filósofo, y esta vez me asaltan sus reflexiones sobre la 'opinión' y la 'irritación'. No sé si sorprende más la clarividencia de sus opiniones o el hecho de que hace casi 2000 años alguien - un emperador romano en el ocaso de su imperio - se planteara cuestiones que en nuestra arrogante miopía contemporánea creemos haber inventado.
Que hable el emperador:
Sobre la opinión:
«Muchas veces me he maravillado de que cada cual se ame a sí mismo más que a nadie, pero que su opinión la tenga en menor consideración que la de los demas.»
«Date cuenta de una vez de que en ti mismo tienes algo superior y más divino que lo que causa las pasiones y lo que, en una palabra, te zarandea como una marioneta. ¿Cuál es ahora mi pensamiento? ¿Miedo? ¿Sospecha? ¿Anhelo? ¿Alguna otra cosa similar?»
«Si no conviene, no lo hagas.
Si no es verdad, no lo digas.
Pues tu impulso ha de ser equilibrado.»
«Que todo es opinión, y ésta depende de ti. Elimina, pues, la opinión cuando quieras y, como la bonanza para el que dobla un cabo, todo quedará inmóvil, y el golfo sin olas.»
«Echa fuera la opinión: salvado estás. Porque ¿quién te impide echarla fuera? »
Me dirás, Lucrecia, que Marco Antonio, como buen estoico, parece invitarnos a no opinar, a no meternos en problemas, pero creo más bien que su invitación es, por un lado, a aceptar con humildad que lo que creemos ciegamente como verdadero puede parecer de otra manera a los demás, y, por otro, a no aceptar sin más lo que no son sino las opiniones de otros:
«¡Qué facil es rechazar y borrar toda figuración enojosa o foránea y estar al punto en una calma total!»
«Júzgate digno de toda palabra y obra acorde con la naturaleza, y no te eches para atrás aunque acarreen la crítica o las hablillas de algunos, sino que, si está bien haberlo dicho o hecho, no te consideres indigno.»
Sobre la irritación:
«Cuando te irritas por algo, has olvidado que todo ocurre conforme a la naturaleza, que el yerro cometido te es ajeno, y, aparte de esto, que todo lo que sucede simpre sucedió así, y sucederá, y está sucediendo por todas partes.»
«Da vueltas continuamente en tu espíritu a los que se enojaron demasiado por cualquier cosa, a los que alcanzaron la plenitud de la mayor fama, las desgracias, las enemistades o cualesquiera azares; luego, ponte a considerar dónde está ahora todo aquello: humo, ceniza y leyenda, o ni siquiera leyenda... »